Sobre certezas y otras cosas (I)

Hace tiempo tenía un amigo con quien compartía de vez en cuando algunas charlas por internet. A diferencia de mí, él no era muy asiduo en las redes sociales. Ahora no me prodigo tanto, pero antes tenía blogs, fotologs, myspaces y todo aquello que ahora suena un tanto absurdo pero que me permitía dejar mi pequeña huella en el mundo virtual y donde, a modo de catarsis, dejaba ir aquello que necesitaba ir con urgencia por el motivo que fuese. Este chico, en una de sus eventuales apariciones por mi vida 2.0 de antaño, me dijo algo así como: “cada vez que te leo parece que estás empezando de cero”. Estos días no he dejado de pensar en ello y, ciertamente, he perdido la cuenta de las veces que he tenido esa sensación de que, aunque no cambie apenas nada, todo ha cambiado y, como quien necesita hacer limpieza de armario, yo necesito cambiar de actitud.

Nunca he sabido discernir si es una virtud o un defecto esto de no haber tenido nunca nada claro. Nunca he sabido si envidiar a aquellos que aparentan tenerlo todo siempre controlado o alejarme sutilmente de ellos. Aquellos que parecen saber con certeza a qué se quieren dedicar, o cuándo es el momento de enamorarse, o de formar una familia, o de comprarse un coche. A veces creo que yo me he limitado a ir vagando y picoteando, con más o menos gracia, aquello que la vida me ha ido ofreciendo (o que inconscientemente he ido buscando), pero pocas veces he sentido la certeza de saber que eso era precisamente lo que buscaba o de que ese era el momento justo para hacer algo. Las veces que ha sido así, la certeza me ha durado más bien poco o, simplemente, la he cambiado por otra certeza más atrayente.

Miento. En realidad, sí que considero una virtud lo de ir vagando por la vida y lo de no envidiar, ni por asomo, a quienes aparentan llevar una existencia perfecta. El problema viene cuando encuentro una de esas certezas, la más atrayente de todas, y creo que es tan perfecta, tan ideal, tan flexible y adaptable a ese “ir vagando” que me caracteriza, que ni me planteo que se pueda acabar o que algún día vaya a querer cambiarla por otra certeza más atrayente. Pero cierto día, cual bruja de cuento que viene a hechizarte, llega otra certeza, la peor de todas. La certeza de que mi maravillosa certeza anterior se ha esfumado, de que se me ha escapado, y de que intentar atraparla es, como reza la canción, intentar atrapar con las manos el aire. Y ahora toca volver a reflexionar e intentar sacar algo en claro de todo lo ocurrido y la fuerza suficiente como para agradecer que esa certeza haya querido pasar ese tiempo conmigo. Y toca ser sensata y no caer en la tentación de culpar a quien no debo, de asumir mis responsabilidades y volver a confiar en que el mundo está lleno de certezas, fugaces o eternas, la mar de atrayentes.

Continuará

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2 comentarios en “Sobre certezas y otras cosas (I)

  1. “I said you wanna be startin’ something, you got to be startin’ something…” al menos, como mal menor, siempre estás empezando algo… o continuándolo, pero no te detienes. No sé si valdrá de algo o si te llevará hacia alguna parte, pero como mínimo no te rindes.

    Que duro y agotador para la mente, el corazón y el alma estar continuamente pensando y dándole vueltas…

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